Redaccion | Agosto 13, 2016
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Rusia ve con gran preocupación como un “viejo enemigo” retorna del frío. Un brote de una antigua enfermedad que se creía ya erradicada, el carbunco, ha ocasionado la muerte de un niño de 12 años y ha obligado a hospitalizar a casi un centenar de personas.
La crisis ha provocado que su ministra de sanidad, Veronika Skvortsova, viaje a la localidad de Salejard, al norte de Siberia Occidental, a fin de tomar el control de la situación.
Algunos medios han señalado que el brote podía provenir de un esqueleto de reno, muerto hace 75 años, que ha quedado al descubierto a causa del deshielo. La bacteria “zombi”, que ha vuelto del pasado, pilla desprevenida a las autoridades de Siberia, donde se ha vuelto a desatar el temor ante este enemigo otrora olvidado.
Dimitri Kobilkin, gobernador de la región de Yamalo-Nenets, encargó el efectuar una minuciosa investigación acerca de la asistencia médica prestada y ofreció toda la ayuda que fuera necesaria a sus habitantes, después de que el pasado 25 de julio se implantase una estricta cuarentena.
Más de 2.300 renos habrían muerto a causa de esta “peste siberiana”, como llaman a la enfermedad en Rusia. Una elevada mortandad que activó todas las alarmas y fijo como objetivo que los humanos no corran la misma suerte.
La última vez que se tuvo noticia de este mal en la región, ocurrió en 1941. El actual contagio, ha sido posible por las inusuales temperaturas registradas en la zona durante todo el pasado mes, con máximos históricos.
La bacteria se conserva congelada en los restos de los animales, pudiendo sobrevivir cientos de años. Pero, con el deshielo, llega el peligro. En algunas zonas de Rusia, incluso, hay cadáveres enterrados muy cerca de la superficie, debido a que el permafrost dificulta el realizar excavaciones profundas.
Por ello, los pueblos nómadas solían enterrar a su gente cerca de los ríos y, algunas tribus, dejaban a sus seres queridos fallecidos depositados en una caja de madera, sobre la helada superficie: “El hielo se encargaba del resto”.
Pero las temperaturas medias en Rusia, especialmente en las zonas más frías, han sufrido una notable subida durante la última década, haciendo que corra el agua proveniente del deshielo y que, dichas bacterias, sean transportadas desde los antiguos cadáveres que las alojan hasta la boca de otro ser vivo.
La ministra Skvortsova se reunió con las autoridades locales de la región a fin de coordinar las medidas de prevención de una posible epidemia, tras el brote del “Bacillus anthracis”, nombre de la bacteria causante del ántrax o carbunco. Una enfermedad propia, sobre todo, del ganado herbívoro.
Y, aunque el mal no suele afectar al ser humano, gracias a los avances de los programas de vacunación animal y a las mejoras higiénicas, el microorganismo no ha logrado ser erradicado. De hecho está en el arsenal biológico de más de una decena de países en todo el mundo.
Hace un año, un laboratorio militar ubicado en un polígono de las fuerzas militares de Estados Unidos en Utah, envió por error esporas vivas de ántrax a decenas de laboratorios de ese país, así como a Corea del Sur, Canadá y Australia.
Rusia advirtió entonces que el Pentágono estaba poniendo en peligro no sólo a su población, sino también a la de otros países.
La más famosa crisis del ántrax sucedió también en los Estados Unidos, tras el 11-S. Cartas que contenían esporas de carbunco fueron enviadas a varias oficinas de medios de información y a senadores demócratas de esa nación. Hubo más de veinte personas infectadas, cinco de las cuales fallecieron.
Ahora el problema es de los rusos, como una amenaza interna, en forma de epidemia. El niño fallecido pertenecía a una familia de nómadas y 211 personas del grupo entraron en contacto directo con los renos enfermos.
Según la agencia rusa Sputnik, brigadas de veterinarios están vacunando a estos animales en las áreas colindantes con la zona de riesgo. En total serán vacunados 41.000 renos. Los restos de los ejemplares muertos serán incinerados, pues las esporas del virus pueden sobrevivir a temperaturas de hasta 140 grados centígrados.
De hecho, el bacilo puede permanecer en el ambiente durante una gran cantidad de años. Lo que ocasionó que las Tropas de Defensa Química y Biológica de Rusia hayan sido desplegadas para realizar pruebas de laboratorio in situ, a fin de detectar y eliminar el foco de la infección y deshacerse con eficacia de los cadáveres de los animales contaminados.
Las autoridades han evacuado a 63 residentes, y mantienen en cuarentena una zona de unos 60 kilómetros a la redonda del foco de la infección.
Existen tres variantes de la infección. La primera es cutánea y se produce por el contacto con animales infectados. Es la más común y no es tan peligrosa. La segunda, gastrointestinal, se produce por la ingesta de carne de reses enfermas o beber agua contaminada por las mismas, que parece ser el caso del niño fallecido.
Un tercer tipo, muy peligroso, lo causa la inhalación de las esporas de ántrax. Es el llamado “carbunco pulmonar”, mortal en la mayoría de los casos. Se puede tratar con antibióticos, pero es fundamental que se suministren poco tiempo después de haberse originado la infección.
Un medio ruso, LifeNews, aseguró que la madre del pequeño había muerto debido a la misma causa. Más de 90 personas han sido hospitalizadas de manera preventiva y a ocho de ellas se les ha diagnosticado la enfermedad. Entre los ingresados hay 50 niños, en parte, porque los análisis les han sido realizados a todos los hijos de pastores de reno. Todavía se buscan más posibles afectados.
Aunque el mal del carbunco no había vuelto a manifestarse en esta zona de Rusia desde la Segunda Guerra Mundial, en los años setenta se produjo un incidente de naturaleza bastante similar. Una sarta de esporas del virus fue liberada de forma accidental en una instalación militar en la ciudad de Sverdlovsk, hoy conocida como Ekaterinburgo, en de abril de 1979.
Este accidente, ocurrido a 1.400 kilómetros de Moscú, fue bautizado posteriormente como el “Chernobyl Biológico” y ocasionó un centenar de muertes por inhalación. El número exacto de víctimas es un gran misterio porque los detalles de la epidemia fueron ocultados férreamente durante años por el régimen Soviético.
“Aquella horrible epidemia causaba una gripe salvaje que producía hemorragias cerebrales y le rasgaba los pulmones a la gente”, recuerda un anciano de la localidad.
Desde un primer momento, se achacaron las muertes al consumo de carne contaminada y se eliminaron todos los registros médicos de las víctimas. Todo, con tal de evitar acusaciones de violaciones de la Convención sobre Armas Biológicas.
Pero, en Sverdlosk, todo ocurría en secreto. En aquellos años Moscú rivalizaba en armamento con los norteamericanos y se había creado una pujante industria de investigación sobre otros tipos de “armas” en esta localidad, que recibió el estatus de “ciudad cerrada”.
Estaba vetada a prácticamente todo el mundo, sobretodo occidentales, y albergaba el llamado “Complejo Militar 19”. El nombre de la base donde un empleado, al finalizar su turno, no notificó la necesidad de cambiar un filtro de la forma adecuada, desatando una catástrofe silenciosa que hizo que los hospitales de la población se vieran atestados por personas aquejadas con sus síntomas.
Sverdlosk, estaba gobernada en aquellos años por un joven Boris Yeltsin que, a la sazón, se convertiría en el primer presidente de Rusia. Él, con la ayuda del Partido Comunista y la KGB, se encargó de encubrir todo el desastre, enviando a agentes secretos disfrazados de médicos a dar informaciones falsas a las familias de las víctimas.
Incluso, se detuvo a los vendedores de carne y se sacrificaron perros callejeros para dar más realismo a la historia de la carne contaminada. Posteriormente, Moscú decidiría trasladar la planta de antrax más lejos, a Kazajistán, pero ahora...
¡El “zombi” ha vuelto!